Educación e investigación en derecho internacional: los retos de la Sociedad Latinoamericana de Derecho Internacional

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Imagen tomada del sitio web http://www.sladi2016.cl/sladi/

Por: Paola Andrea Acosta Alvarado

PhD en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales / Universidad Complutense de Madrid

Miembro de la Academia Colombiana de Derecho Internacional 

Hace algún tiempo he venido reflexionando sobre el perfil de la educación en derecho internacional en nuestra región[1]. De la mano con varios colegas, me he preguntado por el qué y el cómo enseñamos e investigamos. Esa reflexión la he acompañado con mi interés por el proceso de fortalecimiento de la Sociedad Latinoamericana de Derecho Internacional, SLADI, un espacio que puede servir tanto para diagnosticar lo que ocurre en esta materia como para intentar superar varios retos.

La SLADI surgió hace ya casi diez años, paradójicamente, en Ginebra, Suiza. Pese a las dificultades, ha logrado establecerse como un espacio de debate y promoción que ya cuenta con 4 Conferencias Bianuales, varios coloquios y sendas publicaciones. Sus miembros hemos trabajado para conocernos, articularnos y pensarnos hacia futuro. Hace un par de semanas se celebró la IV Conferencia Bianual de la Sociedad en Santiago de Chile[2]. Esta reunión me sirvió para comprobar algunas intuiciones respecto de rasgos muy propios de la educación e investigación en derecho internacional en el escenario latinoamericano. Quiero mencionar sólo algunos de ellos para desde allí habar de los retos a los que nos enfrentamos.

Sin dudas, en nuestra región crece la importancia del derecho internacional; las nuevas generaciones, que cada vez participan más en las Conferencias Bianuales, son prueba de esto. Hay un nuevo público al que le llega el derecho internacional, un grupo de estudiantes o abogados jóvenes que confían en la oportunidad del ejercicio profesional en áreas interesantes, con buenas perspectivas -más allá de lo que se creía era el derecho internacional, la diplomacia-.

Pese a ello, a los internacionalistas nos cuesta articularnos, cuesta contar con apoyo institucional y que las universidades reconozcan la importancia de financiar el proceso de fortalecimiento del derecho internacional y sus redes nacionales o regionales de articulación. La SLADI da cuenta de ello toda vez que su funcionamiento depende del esfuerzo desinteresado de muchos colegas que con su trabajo individual han dado forma a este proceso de articulación y de contadas instituciones que han prestado su colaboración en momentos muy precisos, sin vistas de continuidad. La mayoría de las iniciativas institucionales en torno al derecho internacional se concentran en aspectos o temáticas muy puntuales, como los moot courts o las clínicas para el litigio internacional en materia de derechos humanos, pero no para toda el área de derecho internacional. Todos comentamos durante la Conferencia cuán difícil es obtener apoyo para varios de los proyectos en marcha e incluso para la participación en la propia reunión bianual.

Algo similar ocurre con las redes nacionales. Son contados los países en los que, como el nuestro, se ha logrado la articulación de los internacionalistas, un espacio para publicaciones especializadas o la celebración de congresos sobre derecho internacional, más allá de los que celebran las universidades quizás de forma asidua pero aislada.

Ahora bien, más allá de las cuestiones procedimentales o logísticas hay un par de asuntos sustanciales que vale la pena poner sobre la mesa. El primero de ellos es nuestra insistencia en contar como referentes del derecho internacional a instituciones, teorías o personajes europeos. El segundo, la paradoja entre esa insistencia en ciertos enfoques y el intento de renovación. El tercero, la necesidad de repensar ciertas cuestiones teóricas esenciales y su incidencia en la educación. Finalmente, el insipiente interés en la interdisciplinariedad.

Respecto de lo primero. Puedo estar violando el principio de prudencia, pero creo que vale la pena traer a colación un debate fundamental sobre qué estudiamos cuando estudiamos derecho internacional en nuestra región. Con ocasión de la creación de uno de los nuevos grupos de interés de la SLADI, iniciativa que debo reconocer tuvo lugar, originalmente, gracias a un profesor europeo, se propuso como primer proyecto del grupo estudiar la figura de un importante internacionalista: James Brown Scott. La pregunta es ¿acaso no tenemos suficientes preguntas propias, temas propios, para estudiar? ¿por qué deberíamos dedicar nuestros esfuerzos y nuestros escasísimos recursos a estudiar a un norteamericano? ¿acaso los nombres de Alejandro Álvarez, Manoel Sá Vianna, Jesús María Yepes no nos dicen nada? Por fortuna varios profesores reaccionaron y dieron un nuevo rumbo al proyecto, pero este intento pone de presente el reto que tenemos entre manos: estar alertas ante los continuados esfuerzos, inconscientes muchos de ellos, por mantener una especie de “colonización a través de la educación” y, más aún advertir nuestra propia docilidad ante dichos intentos. ¿Por qué pasa esto? ¿será que no tenemos suficiente producción científica de calidad? ¿o tal vez ni siquiera cuestionamos el origen de lo que leemos, aprendemos y reproducimos pues hemos naturalizado nuestra mirada instintiva hacia el norte?

Prueba de la fuerza de este reto la vemos también en la insistencia de abrir un evento tan importante como la Conferencia Bianual de la SLADI con un/a Europeo/a. No dudo por un segundo la calidad de esos invitados -viejos amigos, además- y creo que, sin duda, tienen mucho que aportar a nuestros debates, pero ¿acaso no habría un/a latinoamericano/a cuyo discurso valga la pena oír? ¿Por qué simplemente oímos al europeo/a sin ponerlo/a en diálogo con los nuestros? Ahora bien, más allá de la nacionalidad del ponente, lo que me preocupa es la insistencia en discursos universalistas o en el uso de teorías y conceptos sin más, así como los escasos debates respecto de cuestiones latinoamericanas o, más aún, la ausencia de miradas críticas, de paradigmas diferentes; muy pocos en la Conferencia Bianual representaban “la(s) otra(s) esquina(s)” del derecho internacional, ¿será que no se sienten bienvenidos en este espacio? Tal vez creen que no es útil justamente por su tendencia marcada hacia lo ortodoxo o quizás no nos hemos preocupado por invitarlos, no lo sé.

De la mano con esto, llega una paradoja: reconocemos las necesidades propias de nuestras realidades y reivindicamos el compromiso con ellas, aun así, pocas veces nos molestamos por intentar nuevos enfoques, por cuestionar el camino que hemos seguido, el tipo de relaciones que hemos construido y que, aunque “criticamos”, no pensamos abandonar o reestructurar. Queremos seguir siendo partícipes de una ‘comunidad universal’ (epistemológica y jurídica), pese a los sacrificios que ello pueda significar, o sin ponderar la relación costo-beneficio, en vez de apostarle a un escenario propio. Somos la sociedad de nuestra región, hablamos de temas que nos incumben, pero, aun así, muchas veces lo hacemos en el lenguaje de otros y para otros.

De esta realidad se desprende lo que a mi parecer es una necesidad imperiosa: debemos reformular muchos de los enfoques teóricos que nos caracterizan. Personalmente, confirmé la urgencia de repensar el papel del derecho internacional en la cotidianidad de los Estados, de sus operadores jurídicos y sus ciudadanos, la importancia de superar la idea de que el derecho internacional solo está en lugares “excepcionales”[3] y, con ello, cuán imprescindible es la apuesta por definir los derroteros de su uso diario. De la mano con esto, reafirmé la urgencia de que los propios académicos del derecho internacional nos cuestionemos los modelos que hasta la fecha usamos para apreciar y explicar dicho papel, la premura de abandonar varios conceptos y categorías.

Finalmente, la Conferencia Bianual dio cuenta de cómo, pese a ese reiterado interés por lo de siempre, se abre una pequeña ventana hacia la interdisciplinariedad y se reconoce la importancia de estudiar el derecho internacional desde otras esquinas. La exitosa conformación del nuevo grupo de interés sobre historia del derecho internacional es prueba del creciente entusiasmo por otra forma de leer, comprender y enseñar el derecho internacional. Ojalá esta no sea la única iniciativa en este sentido.

Ahora bien, ¿qué nos dice todo esto? Quizás lo más importante de esta experiencia es que ella reafirma las dudas en torno al futuro de la enseñanza y la investigación en derecho internacional en nuestra región lo que confirma la importancia de trabajar en este asunto y, sobre todo, justifica el esfuerzo en torno a la SLADI.

Hoy en día el trabajo de articulación para la enseñanza y la producción científica resulta más urgente e importante que nunca. La asociación regional, impulsada desde los esfuerzos individuales, puede ayudar a suplir el vacío que deja la falta de apoyo institucional. Esto puede ser muy importante para las nuevas generaciones a quienes debemos ofrecer un espacio para promover sus iniciativas, para debatir sus ideas y para publicar sus trabajos.

Este espacio también resulta vital para quienes buscamos un escenario para promover ciertos debates de renovación. La SLADI debe ser la plataforma por excelencia del derecho internacional de la región, un escenario en el que, de la mano con las redes nacionales, se reivindiquen las necesidades particulares de nuestro contexto, se cree consciencia de la forma particular en la que vemos y vivimos el derecho internacional y se impulsen los debates de renovación que resulten necesarios. Tenemos entre manos una importante misión de renovación conceptual crítica.

Ahora bien, quizás el papel más importante de la SLADI, que se desprende de lo poco que he narrado, tiene que ver con su responsabilidad pedagógica. La Sociedad Latinoamericana debe esforzarse por adelantar un proceso pedagógico importante no sólo respecto de las nuevas generaciones de internacionalistas y la renovación de las viejas, sino, sobre todo, respecto de los demás operadores jurídicos, los funcionarios y los ciudadanos. Debemos esforzarnos por crear consciencia de la importancia del derecho internacional, de lo mucho que afecta nuestro día a día y, más aún, de la necesidad de darle un uso adecuado al mismo.

Como se observa, los retos no son pocos. Quizás por ello lo lógico es hacer un llamado a todos los colegas de la región para que se unan a esta causa, para que presten sus conocimientos y esfuerzos a la consolidación de una plataforma fundamental para el futuro de nuestra región.

[1] Acosta Alvarado, Paola. Enseñar e investigar derecho internacional en Latinoamérica. Un ejercicio de catarsis. En Serie Documentos de Trabajo No. 46. Departamento de Derecho Constitucional, Universidad Externado de Colombia. 2016

[2] http://www.sladi2016.cl/

[3] Eslava, Luis. Global Law, Local Space. CUP. 2015.

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