De Doha 2001 a Nairobi 2015: Una agenda para el desarrollo en la OMC que se desvanece, pero no muere.

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Foto extraída de galería de Xihuanet

Por: Laura Victoria García-Matamoros y Juan Sebastián Pereira Rico*

Miembro ACCOLDI

Profesora Asociada de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, investigadora en el área de derecho internacional privado y derecho internacional económico.

*Estudiante de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario, integrante del Observatorio de Derecho Internacional.

Después de intensas disputas sobre el futuro de la Organización Mundial del Comercio, iniciadas en la Conferencia Ministerial en Seattle en 1999, en 2001, los Estados Partes se reunieron en Doha para discutir una agenda para el desarrollo. Los principales aspectos a tratar, giraban en torno de la agricultura, los subsidios, la inversión extranjera y la propiedad intelectual, entre otros. Temas sobre los cuales los miembros hicieron promesas en cuanto al cronograma y al alcance esperado de las decisiones.

No obstante las promesas hechas, las discusiones se fueron extendiendo y la decisiones aplazando por la oposición de grupos conformados mayoritariamente por economías desarrolladas, que veían cómo su discrecionalidad cuasi ilimitada, generaba serias oposiciones. Así, en el marco de estos grupos, ha sido notoria la relevancia de economías emergentes como Brasil o India, no solo en la progresión de las Conferencias Ministeriales, sino en la construcción de bloques, que al unirse por sus intereses comunes, desestabilizan la forma tradicional en la toma de decisiones en la OMC, de manera tal las economías en desarrollo y particularmente las emergentes, ya no aceptan las imposiciones de las potencias desarrolladas, muestran sus desacuerdos y plantean nuevas soluciones a aspectos polémicos.

Así, quince años después de haberse iniciado la Ronda de Doha para el Desarrollo, el balance es más negativo que favorable, en el sentido de que no se ha avanzado como se esperaba en los temas de desarrollo, pero hay que reconocer que tampoco se han profundizado más en las medidas esperadas por las economías desarrolladas. Para ilustrar lo anterior, podemos revisar lo ocurrido en la Conferencia Ministerial de Nairobi en 2015, particularmente en el tema de Agricultura, en el que se ha avanzado en tres áreas centrales: subsidios a las exportaciones, el Mecanismo de Salvaguarda Especial (MSE) para países en vía de desarrollo y la participación en el mercado público en materia de seguridad alimenticia[1].

En lo relativo al MSE, mecanismo concebido para los países en vías de desarrollo, que les permite incrementar los aranceles de productos agrícolas cuando se presente un desequilibrio en la balanza comercial, de manera que se logre incrementar el precio de estos productos importados, como alternativa para proteger a los campesinos y productores locales. Lo anterior, junto con el reconocimiento del derecho a recurrir a un mecanismo especial de solución de controversias exclusivo para ellos.

El problema en este punto es que no ha sido delimitado, entre otras por la confrontación al interior del G-7 (Australia, Brasil, China, la Unión Europea, Estados Unidos, India y Japón), y entre el G-33 y el Grupo Cairns. La controversia gira en torno a la manera en la que se debería desarrollar el MSE.  Una posición la define como el medio de protección de la agricultura local y otra la concibe como mecanismo excepcional limitado por periodos de tiempo.  La primera expone que el MSE debe ser más abierto y fácil de usar, con factores de activación más laxos y una mayor capacidad del Estado de aumentar los aranceles, considerando que el desbalance es producto de los subsidios agrícolas de los países desarrollados, postura defendida por el G-33, conformado por países en vías de desarrollo de que buscan limitar el ingreso de productos agrícolas. El segundo considera que el MSE debe ser más restrictivo, y debe ser consistente con la reducción de aranceles a la que se había llegado antes de Doha. Los defensores del mecanismo más restrictivo son Estados Unidos y los miembros del Grupo Cairns (donde se encuentra Colombia), varios de ellos con economías emergentes o de desarrollo medio, exportadores de productos agrícolas que temen mayores limitaciones al ingreso de sus productos.

Por otro lado, en cuanto a la seguridad alimentaria, en Nairobi se dota a los Estados en vías de desarrollo de la posibilidad adquirir stocks de alimentos a precios regulados, que garanticen la seguridad alimentaria. El punto en cuestión ha sido controversial porque muchas economías emergentes temen que estas medidas sirvan para disfrazar subsidios y deformen compromisos comerciales. Para evitar mayores confrontaciones al respecto, la conferencia de Bali incluyó una cláusula de paz donde estas políticas quedarían excluidas hasta tanto no se logre una solución de fondo; tal solución espera ser lograda en la conferencia de Buenos Aires que se desarrollará este año 2017.  Se deja entonces abierto el foro para futuras discusiones en el tema, pero debiendo obedecer a una dinámica mas rápida y concreta que la de Doha[2].

Como se observa, la Conferencia Ministerial de Nairobi fue el espejo de la continua incapacidad de tomar decisiones definitivas cuando no se escucha a todas las partes de una negociación. Por un lado, la Unión Europea y los Estados Unidos no pudieron seguir conduciendo las negociaciones basados en sus exigencias, limitando su rol excluyente y exclusivo. Por otra parte, Estados que otrora no tenían capacidad decisoria han tratado de proteger sus intereses en el marco multilateral. Infortunadamente persisten las desigualdades negociales y las carencias económicas que impiden propuestas cohesionadas de países con niveles económicos cercanos, además de que los temas sensibles se han dejado a los tratados bilaterales o neoregionales, en los cuales la capacidad de negociación es más débil para aquellos Estados que en el foro multilateral han tratado de unir esfuerzos. Sin duda, la OMC está en crisis, pero desde la perspectiva de los intereses comerciales de los países en desarrollo, merece una defensa como escenario de negociación más equilibrado, en comparación con aquellos en los que se pactan los Tratados de Libre Comercio y los Acuerdos de Inversión.

[1] Suh J. y Hyo-young L. (2016),  Outcome and Implications of Nairobi Ministerial Conference, KIEP World Economy Update, p.3.

[2] World Trade Organization. “Agriculture Negotiations: Fact Sheet – The Bali decision on stockholding for food security in developing countries”, disponible en : https://goo.gl/qpQWWA

 

 

 

 

 

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